miércoles, 30 de junio de 2010

Loser - 3 Doors Down

La culpa no es de él. Para nada. Él sólo lleva la L mayúscula en su frente porque así se lo enseñaron cuando pequeño. La culpa la tiene Alejandro Lerner cuando cantaba años atrás "Hay algo que te quiero decir y no me animo". Hasta ahí iba bien, pero después remata con "yo sé que puede ser el miedo a que me digas que no". Como puede ver usted, este señor afectó inmediatamente el comportamiento de mi cliente. Pero eso no es todo. La culpa también es de Franco DeVita; ya que este otro señor salió con "Seré un buen perdedor. El mundo no cambiará". ¿A quién se le ocurre llamarse a sí mismo así? Pero aquí no termina la lista, para nada, nunca termina. Los culpables son varios, los sospechosos son todos. Incuso el care'vaca que le pega a su mujer, el señor Arjona tiene el descaro de cantar "Dime que no". Nadie quiere que le digan que no, su Señoría. Nadie. Nunca. Pero no he terminado. Por este otro lado tenemos a Beck y a 3 Doors Down , quienes insisten en cantar "I'm a loser" con baby o sin baby lo dicen y lo repiten una y otra vez.
Como puede ver, mi cliente no tiene la culpa de ser un perdedor, muy a pesar de lo que diga su desgarbada figura, sus gafas anchas, sus tenis sucios y este libro de Santiago Gamboa (Perder es cuestión de método) bajo el brazo mientras tararea Under the bridge.

lunes, 21 de junio de 2010

Mundo de quimeras - Soda Stereo

He venido al mundo de quimeras, así como lo hizo Gustavo Cerati. Este mundo lleno de seres maravillosos y sorprendentes, con cuernos, pieles, alas, hojas y demás. Apenas entré, me topé con algunos orcos y elfos y ents y enanos y muchos más habitantes de la Tierra Media (.J.R.R. Tolkien). A uno por uno pregunté entrevisté y pregunté por ti en distintos idiomas, pero ninguno logró entenderme. Me interné entonces en la espesura hasta que llegué a un castillo concurrido por dementores, hipogrifos, búhos y tarántulas gigantes. Cuando dije tu nombre algunos insistieron que jamás habían escuchado de ti, pero que más adelante un gran mago podría ayudarme; Hary Potter se llamaba, y era un hombre viejo, canoso y de muy buena memoria (J.K Rowling). A final de cuentas habló de muchas cosas que no entendí, pero jamás supo de ti.
Sabía, sin embargo, que debía hallarte -otra vez- y así llegué hasta Narnia, un sitio muy colorido e infantil, y allí un sabio León y un torpe Fauno pronunciaron tu nombre una y otra vez como quien recuerda un dulce sabor (C.S Lewis).
Grité tu nombre, Alicia, una y otra vez pero descubrí, una vez llegué al Aqueronte con el "Libro de los seres imaginarios" (J.L. Borges) bajo el brazo, que no eres más que una invención que no me deja zarpar.
Atentamente,
Simbad