sábado, 16 de julio de 2011

Björk - Hunter

Palimpsesto. Eso fue lo primero que se me vino a la cabeza apenas terminé de leer la novela de Philip Roth, titulada "El pecho", en la cual el profesor David Keppesh despierta convertido en un seno -o dicho más coloquialmente, en una teta. La situación es muy similar e igual de inquietante a la que sufrió Gregorio Samsa, ese personaje infaltable de la literatura universal (La Metamorfosis). Kafka convierte a su personaje en un bicho, mientras que Roth convierte a su personaje en un seno. Sin saber cuál de los dos es es el más inquietante, llegan a mi mente imágenes de películas en las que las transformaciones están a la orden: "La mosca", "District 9", y toda esa cantidad de películas de Zombies y Vampiros y Licántropos que hay.
El concepto de palimpsesto establece que todos los libros ya se escribieron, que realmente ya todo está dicho, que ya alguien escribió esto que escribo ahora, que todos los textos son copias y/o adaptaciones de otros textos que conocemos o desconocemos.
Esto lo escribo desde esta habitación blanca donde los doctores me dejan usar mi computador. Dicen que es mejor que escriba todo lo que pueda antes de que me crezcan las antenas, las alas, los colmillos, y no sé qué más cosas.

jueves, 7 de julio de 2011

Prisioneros - South American Rockers



En 1987 mis hermanos y yo éramos felices escuchando 88.9 La súper estación para escuchar los grandes éxitos del Rock en español y los demás hits de la música anglo, como decía "el Capi", o Diego FM, o Deisa Rayo. Mis hermanos de 10 y 11, y yo de apenas 8 años, vivíamos felices grabando canciones en nuestros cassettes TDK que ya estaban cuidadosamente puestos en la cassettera. Éramos unos culicagados que a coro gritábamos "Tan sólo dime que me amas y dejaré de aullarle a la luna", y también en voz en cuello decíamos "Son hermosos ruidos que salen de las tiendas, atraviesan a la gente y les mueven los pies", y sin haber probado la primera cerveza, cantábamos también, "Y creo que he bebido más de 40 cervezas hoy, y creo que tendré que expulsarlas y fuera de mi". Mi mamá nos veía tocando guitarras y baterías imaginarias; nos escuchaba cantar con micrófonos inexistentes, y recuerdo que en una ocasión preguntó, sin esperar respuesta alguna de sus 3 muchachitos, qué vendría después de dedicarle una canción a los orines -aunque creo que dijo "miaos". Ninguno se atrevió a contestarle algo porque ninguno sabía y porque mi mamá hizo una pregunta que se le salió de la boca y que era tal vez para mi papá o para sus amigas del costurero.
El pasado 4 de Julio, luego de 24 años, estábamos mi hermano y yo otra vez como críos de 10 y 8 años cantando a todo pulmón "Pasa por debajo de tu casa, pasa por debajo de tu familia, para por debajo de tu ruta de trabajo", mientras saltábamos con otros cagones o miones, mejor, y me acordé de esa pregunta que se hizo mi mamá y creo que ahora, infortunadamente, sí le puedo responder. Ojalá no pregunta otra vez.

lunes, 20 de junio de 2011

Just - Radiohead

A veces se siente como un personaje sacado de una novela de Héctor Abad Faciolince. Hay otras ocasiones en que cree que podría ser amigo del escritor, y en muchas ocasiones se ha imagino sentado frente a él contándole sus historias como insinuándole al escribano que su próxima novela lo tome a él como el personaje principal.
Hace unos meses atrás, compartió algunos textos con una estudiante. Todo empezó con "Oriente empieza en el Cairo". Las cosas se empezaron a complicar con "Traiciones de la Memoria", y todo se enredó cuando hicieron la transacción de "Angosta" y "Fragmentos de Amor Furtivo". En ese momento ambos sabían que Faciolince los estaba incitando a algo, a empezar una historia más. Una historia enredada de sábanas y de olores, de soledades que se acompañan, de encuentros furtivos y sueños interrumpidos por gemidos.
Sí, él a veces piensa que Héctor Abad se sienta frente a él y que escucha atentamente sus cuentos sobre estudiantes de Literatura inglesa que leen al escritor paisa.

domingo, 12 de junio de 2011

Esa sensación de haber dejado la tarjeta en el cajero. Esa sensación de haber dejado la llave abierta, el fogón encendido, de haber dejado las ventanas abiertas, la cuenta de correo o de Facebook sin cerrar, de haber tomado el bus incorrecto por ir de afán, de haber pisado caca en la calle, de haber dejado el paraguas, de tener el celular sin batería y sin minutos. Esa sensación de sentir que alguien te sigue, de viajar y querer regresar cuanto antes para poder viajar otra vez. Esa sensación de no haberte dicho todo.

miércoles, 18 de mayo de 2011

Join the dots

De pequeño siempre me gustaron las revistas con juegos, de esas con sopas de letras y crucigramas y búsqueda de diferencias y/o similitudes. Siempre me gustaba sacar mi lápiz rojo y rellenar, completar, dibujar; pero lo que más me llamaba la atención era unir los puntos. Ese ejercicio tonto e infantil de ir de número en número -siempre ascendiendo- buscando formas, que aunque fueran muy evidentes, siempre lograban sacarme una sonrisa de orgullo, de satisfacción.
A Robert Smith le gustaba también y por eso mismo editó un trabajo (compilado) que reúne unos lados b, unos inéditos y unas reversiones de algunos temas de The Cure. Por su parte, el señor Thomas Friedman, economista, también disfrutaba de este juego; por eso mismo, él establece que al ir creciendo personalmente lo que vamos haciendo es ir "uniendo los puntos" de nuestra existencia realmente.
Así como el astrónomo que une estrellas para formar constelaciones. Algo así, pero con números.
Tengo tu rostro y tu espalda en mi mente

On Melancholy Hill - Gorillaz



Son 4 personajes. Son 4 historias. Son 4 soledades.
El primer personaje es Damon Albarn. Va sentado en un bus sosteniendo su iPad y creando sonidos nuevos, distintos, algunos pegajosos, otros no tanto. Su soledad está poblada por unos audífonos y unos dibujos animados.
El segundo personaje es Jamie Hewllet. Sentado en su oficina -que es su casa- dibuja, colorea, diseña, rediseña y crea historias de unos dibujos animados. Su soledad está poblada por unos lapices de colores y unos cuantos computadores.
El tercer personaje es el Conde (Philip Seymour Hoffman) , ese personaje que trabaja en una emisora sentado recomendando canciones y argumentando que muchas buenas canciones van a seguir apareciendo. Su soledad está poblada por unos acetatos y unos cuantos cassettes.
El cuarto personaje soy yo. Sigo sentado frente a este computador leyendo y escribiendo, exorcizando lecturas. Mi soledad está habitada por dibujos animados, libros, discos, revistas, llamadas, mensajes de texto, mensajes en el muro y en la bandeja de entrada. Es una soledad, que al igual que la del poeta Uruguayo, está tan concurrida; pero es una soledad escogida, disfrutada, y si se quiere, anhelada.
Tal vez los 4 personajes no somos más sino los mismos Gorillaz sentados On a Melancholy Hill.

martes, 5 de abril de 2011

A song for the lovers - Richard Ashcroft

Fue Ferdinan de Saussure el que se inventó esa vaina del significado y el significante. Algo así como que si alguien me dice “árbol”, yo inmediatamente representaré una imagen de un árbol en mi cerebro -en este caso sería el “happy tree”, que queda frente a mi casa-. Después de este señor vinieron muchos más con ideas locas sobre representaciones mentales y símbolos y signos y no sé qué más. Vino Umberco Eco y una novela llena de imágenes, vino Barthes con un libro completo sobre imaginarios y demás, llegó Derridá, Bachelard, Bahktin, Kristeva y otro combo de locos y locas a explicarnos lo que las ciencias sociales y la humanística ahora llaman Semiótica. Suena como si alguno de ellos se hubiera miado a goticas en los pantalones.

Pero ahí no queda todo. Después les dio por decir que existe un símbolo arbitrario; o sea que algo puede ser, pero que no es. El mismo árbol mencionado arriba puede no ser un árbol sino un puente, una canoa, un derrumbe. Sí, lo sé; es confuso y complicado.

Cuando conocí sobre este tema, me interesé en conocer más, en descubrir la razón detrás de cada símbolo, de cada signo, de los signos que nos rodean, de los signos que nos inventamos por distintas razones: hacerle “rosca” a un amigo desde la ventana del bus, “picarle” el ojo a la nena de atrás, levantar el dedo pulgar de la mano derecha, levantar el dedo corazón al conductor de la misma buseta de la cual le habíamos “hecho rosca” al amigo que se quedó haciendo lo mismo desde el andén.

Todos estos signos, más otros tantos miles que nos definen, nos delimitan o nos impulsan como en este caso. Bueno, todo esto para decirte que entiendo tus señas, que sé que cuando apagas los ojos lentamente y los abres rápidamente, me estás diciendo que te llame; sé que cuando haces dos puntos + P mayúscula en el chat de Facebook (:P), me estás sacando la lengua porque quieres un beso; que si tropiezas conmigo en las escaleras y me dices que casi te tumbo, que me vas a demandar y que te duele el tobillo, lo que esperas es que realmente te alce y te pida disculpas mientras beso tu tobillo intacto; que cuando estás con ese man que aún no sé si es tu novio o no y no me miras en lo absoluto, sé que quieres que te rescate, llame un taxi y nos larguemos de este manicomio de una vez por todas.

Crimen - Gustavo Cerati

Cuando Tom Yorke decidió grabar un disco en solitario (The Eraser), lo único que tenía en mente era pensar más en sí mismo, en sus necesidades, en sus preferencias; y a pesar de extrañar a sus compañeros que tenían radios por cabezas, él siguió con su proyecto. Algo muy sincero, muy propio. Sin guitarras distorsionadas, sin pedales escandalosos, sin sintetizadores discordantes. Sólo él y su piano. Y por supuesto, su cabeza sin un radio cerca.


Cuando Eddie Vedder fue impulsado a escribir las letras para la última película de Sean Penn (Into the Wild), él ya sabía lo que tenía que decir, lo que iba a decir. Lo tenía allí desde tiempo atrás cuando sus demás compañeros del Ten Group no le prestaban suficiente atención. Así que Ed sacó su guitarra, su ukele y escribió lo que hubiera escrito Christopher McCandless el día que decidió abandonar todo para adentrarse en el bosque. Por supuesto, Eddie también necesitaba internarse en el bosque, sin guitarras fuertes o bajos lo suficientemente rítmicos.

Cuando Brandon Flowers se alejó de los demás asesinos –tal vez por ser mala compañía- sabía que tenía que pensar en algo distinto. Algo que lo exonerara de tantas muertes que había causado con su pandilla de killers; por eso pensó en un trabajo donde pudiera contar historias otra vez. Nombrar a Valentina; hablar de los jóvenes y de fuegos cruzados (Flamingo).


Hoy el Señor Kú –también conocido como Q- está tranquilo. Si supiera tocar la guitarra, lo haría, y cantaría sobre sí mismo (Walt Whitman) o contaría un cuento sin moraleja o hablaría de ella. Al terminar, sé que sonreiría y daría las gracias por la alegría de ser más honesto consigo mismo.

martes, 15 de marzo de 2011

Sí. Los profesores de matemáticas son más inteligentes. Son mucho más serios también. Saben diferenciar cálculo infintesimal y cálculo diferencial. Saben despejar equis y saben que todo es exacto, medible; que no hay espacio para dudas.
A pesar de su estatura -usualmente son bajitos- logran escribir en el borde superior derecho del tablero la palabra solucion; así, sin tilde, y escribir una serie de corcheas, unos, ceros, yes, números que se repiten, se suprimen, se estiran desaparecen hasta dar con el resultado que es, generalmente, irreemplazable. Cuando su clase se acaba, él no borra el tablero porque quiere demostrarles a todos que él es más inteligente, que él puede despejar equis, así como el man de esta película en la que el matemático escribe hasta en las ventanas de su habitación. Él sabe que puede conquistar muchas mujeres (estudiantes) con una respuesta única, con una función, con un caso de factorización, y una E mayúscula que significa sumatoria. Cuando entro a clase y veo sus números y toda su expresión cuantitativa, sé que él es más inteligente que yo, y no sabe cuánto lamento no saberme las tablas de multiplicar y sumar con los dedos.
Él sabe, por ejemplo, que si pretende cubrir una distancia cubriendo mitades (2 metros, 1 metro, 50 cms, 25 cms, 12,5 cms, 6,25 cm) nunca llegará a su destino, a tus labios. Yo, por otro lado, sé que puedo llegar con mis palabras imprecisas, incorrectas e incoherentes a arrancarte una sonrisa y hasta una carcajada, sin necesidad de saber una regla de tres.

Nota: no sé qué canción (título) ponerle a esta entrada. Si por casualidad lees esta entrada en algún momento, no dudes, por favor, en dejar tu recomendación.

domingo, 20 de febrero de 2011

Se llamaba Álvaro de Campos, y también Alberto Caeiro; aunque siempre fue Ricardo Reis o Roberto Soares. Todos eran el mismo Fernando Pessoa, aquél poeta Portugués. Así también le pasa al señor Q, o Kú para sus amigos. Algunas veces él es Martin Tupper, otras tantas es Ted Mosby, Michael Dorian o Jerry Seinfeld. El primero es un man que toda la vida ha visto televisión y todo lo que ve o todo lo que dice, le recuerda una escena de una película de esas a blanco y negro. El segundo, Ted Mosby, siempre está en el mismo bar con sus amigos tratando de buscar a la chica perfecta para poder contarle a sus hijos en el futuro. Michael Dorian, el tercero, es un doctor muy inseguro de sus capacidades y siempre imagina cosas improbables como 99 Globos Rojos en un hospital. El último es Jerry Seinfeld, un comediante un poco ocurrente que siempre usa tenis en vez de zapatos elegantes. Los que creó Pessoa siempre escribieron poesía o ensayos literarios. Los que creó Kú, no fueron creados por él, pero se parecen mucho a lo que él es: 30añero, aún usa tenis, todo le recuerda alguna película, siempre está en el mismo bar con sus amigos y aún imagina 99 Globos Rojos. Personajes muy honestos, muy humanos. A veces son mentirosos y atrevidos, hasta infantiles. Otra cosa curiosa es que en cada temporada todos estos personajes aparecen con una chica distinta. Yo creo que Pessoa pensó lo mismo cuando le dio vida sus heterónimos (más de 50). Kú lo sabe. Kú siempre ha vivido frente a un televisor. Siempre ha disfrutado las risas grabadas en sus series favoritas (Dream On, How I met your Mother, Seinfeld, Scrubs) y lamenta que en su vida no las haya; sobre todo para aquellos momentos en que dice algo gracioso que suele ser, en el mayor de los casos, una mentira.

lunes, 7 de febrero de 2011

Yahweh - U2

Deberías de llevarme en tu billetera o en tu cartera. No necesito de oraciones ni de velones o cualquier otro mito o rito. Olvídate de la vitelita del divino niño o de la virgen del carmen o del sagrado corazón. ¡Qué cuentos de poner a San Antonio de cabeza! O de pedírle a los santos y a las orishas. Olvídate de eso, mujer. No me llamo Yahweh, ni Jehová, ni Zaratustra. Tan sólo respondo al nombre de Señor Kú. Y soy el único que te garantiza el regreso del ser amado. Te aseguro que consiguirás al amor que tanto anhelas. Te demostraré que estar sola es mejor que mal acompañada -o en mi compañía, en su defecto-
Sólo dame la oportunidad de enamorarme de ti y entonces sabremos los dos que ya estás lista para salir corriendo. "Take this heart...and make it break"

viernes, 28 de enero de 2011

The Space in Between - How to destroy angels

Aún siendo niña, no creo que haya sido tan niña. Tal vez por eso nunca aprendió a patinar, o a montar en bicicleta o a nadar. No tiene raspones en las rodillas, ni cicatrices en los codos. Ella siempre prefirió vestir su Barbie y pensar como una señorita. Así se lo dijo su mamá Tienes que ser toda una señorita a donde quiera que vayas. Ella lo entendió y por eso siempre actuó como una señorita, mas no como una niña. Siempre que vestía a su muñeca, pensaba en la ropa que ella tenía que usar también; la mejor obviamente, la más –como diría ella- fashion. Pensar en autos lujosos, en tener de todo para la casa. En su biblioteca existía un libro de Louisa May Alcott llamado “Mujercitas” (Little Women). No creo que lo haya leído alguna vez, pero supo que tenía que ser una mujer antes de ser una niña; por eso, mientras juntaba a su Barbie y a su Ken para un beso plástico de esos de telenovela, ella cerraba los ojos y se imaginaba siendo su muñeca.

Hoy tiene todo lo que siempre quiso, todo lo que le enseñaba a su muñeca, y sus amigos siguen siendo igual de imaginarios.

miércoles, 19 de enero de 2011

Dreams - The Cranberries

¿Existirá tal cosa como la chica de los sueños?
Si uno plantea una pregunta es porque, de una u otra manera, irá a responderla; mas si se trata de una entrada en un blog. Así que me tomaré esta entrada para abordar este tema tan onírico. La respuesta, creo, depende de aquél a quien le formulemos la pregunta. Algunos dirán que sí, otros dirán que no. Yo diré que sí, y lo más sorprendente es que la tuve. Sí. Tal cual. Yo tuve a la chica de mis sueños en mis brazos. Es como ver un sueño dormido. La abracé, la besé y le escribí. Pero así como sucede con los sueños, éste también tuvo que acabar.
Para llegar a su casa siempre pasé frente a una tienda de barrio que se llama dizque "La tienda de los sueños". Una tienda normal donde venden leche y pan y huevos y queso y chocolate -buenos ingredientes para un desayuno, pero no para un sueño; al menos no, si tenemos en cuenta los ingredientes que sugiere Stephen en "La ciencia de los sueños" (Gondry). Para él los ingredientes son un poco más complejos: buena música, imágenes del pasado, aconteceres del día, personas conocidas y desconocidas, entre otros igual de inquietantes.
Anoche soñé con ella otra vez. Hacía mucho tiempo no sucedía. Estábamos en una mesa, en un bar, en una ciudad, tomando algo que no supe qué era. De fondo sonaba "Bachelorette" de Björk. No sé de qué estábamos hablando, pero de repente terminamos unidos en un beso y así también, de repente, una cachetada. Ahí desperté y me pregunté: ¿Existirá tal cosa como la chica de los sueños?

Nota: esta semana después de muuuuucho tiempo, logré ver la película "The Science of Sleep" http://www.ovguide.com/movies_tv/the_science_of_sleep.htm del director francés Michel Gondry; y pues siempre me pasa, al igual que aquél personaje de la serie de televisión "Dream on", que relaciono todo con todo. Así como el "4:13 Dream" de The Cure, o como la canción "Dream on" de Aerosmith. Todo se relaciona con todo en esta cabeza con sueño a esta hora de la noche o de la mañana.
Hasta mañana.

sábado, 8 de enero de 2011

Jovanotti - A te

Hace un tiempo atrás pensé en escribir un cuento corto en italiano. Digo corto porque mi italiano es corto; ahora es es corto (más) porque la historia se hizo corta (mucho más). El cuento empezaba con un encabezado o algo así como
...questa historia qui puo essere contata en italiano perché c'é un pianista italiano...
Al final de la historia el pianista toca el Liebestraum de Liszt mientras la pareja -él y ella- se toman de la mano y así salen de la sala de conciertos buscando una trattoria para cenar pasta. Nunca me animé lo suficiente como para escribir la historia completa porque mi italiano es muy reducido, al igual que esta pequeña historia entre ella y él, y porque ellos jamás cenaron pasta después del concierto.
Vale anotar, sin embargo, que el concierto sí existió y que Liszt también.

domingo, 26 de diciembre de 2010

El negrette solía llamarme la mamá del trompetista italiano. El mismo que vivía detrás mi casa y quien ensayaba tonadas nuevas todos los martes y jueves en la tarde. Yo no sabía de jazz ni de blues, pero sabía que me gustaba. Procuraba siempre hacer mis tareas en mi habitación los martes en la tarde para poder escuchar los gemidos y lamentos de esa trompeta mientras el italiano emitía gemidos y lamentos de una migraña incansable. Nunca supe cómo llegaron al barrio. Pero me gustaba decir que en mi barrio había una familia de italianos y que el señor tocaba la trompeta. Cuando la nonna se despidió de mi para regresar a su amada Italia, me cogió de los cachetes, me abrazó y musitó algo que no logré entender. La trompeta que me acompañaba todos los martes y jueves dejó de sonar por unas semanas en la ventana de mi habitación. Cierto día no se escuchó el sonido ronco y suave de esa trompeta, sino un golpe seco y lejano. Uno solo. Horas más adelante se escuchó una sirena de una ambulancia y luego llantos y quejidos. Ahora sé que el jazz y el blues lo causaron todo.

martes, 14 de diciembre de 2010

The Magic Numbers - Forever Lost

Hace poco me preguntaron si tenía la mal-llamada malaridez existencial. Al parecer me notaron un poco ausente y huraño. Mi respuesta fue inmediata, pff no. Por supuesto que no. Todo está bien. Sin embargo, creo que tenían razón cuando me preguntaron y no lo había notado sino hasta ahora. La única diferencia es que no tengo la mal-llamada esa, sino que sufro de otra cosa que se llama la matemática existencial. Me gustaría que ésta fuera tan sólo no saber qué es un número primo o pensar que un número imaginario es el veinticatorce; pero no, la matemática va mucho más allá. La matemática existencial me considera un sumando, un producto, un factor; ni siquiera una teoría o un postulado. Pues no. Kundera (La insoportable levedad del ser, La lentitud) y Auster (City of Glass, Viajes por el Escritorio) hablan de esta existencialidad desde el punto de la literatura y argumentan que todo lo que hacemos viene con un orden matemático (exacto) y que siempre el resultado es desalentador, de allí que sus personajes siempre terminan mal. Esto se debe a la matemática. A ser reducidos a su mínima potencia, a que todo número multiplicado por cero da cero, a que no importa cuantos millones haya antes del cero, seguirán siendo tan inútiles y carentes de valor como el mismo cero. A que seno, coseno, tangente cotangente son tan inverosímiles como los mismos celos y la envidia. Kundera menciona el Eterno Retorno y cómo sus personajes pueden cometer el mismo error una y otra vez. Auster habla de Peter Stillmann y cómo él queda reducido a cero en una ciudad tan inmensa como Nueva York donde los demás números más grandes que él. Hoy me siento como esos personajes de Kundera y de Auster. Hoy lo pongo todo y lo multiplico por cero. Ya sé cuál es el resultado, sin embargo, hago la matemática y ésta nunca falla. Tan exacta, tan completa, tan cruel.

Espero el día que la matemática existencial sea alentadora, por lo menos para aquellos que aún contamos con los dedos de las manos y que jamás logramos dividir por dos cifras.

jueves, 9 de diciembre de 2010

So This is Xmas - U2 (covering John Lennon)

Usualmente en esta época del año alguno de mis amigos sube a la pared de Facebook un tema navideño que se llama “A long December” y lo cantan los Counting Crows. El primero que lo hace escribe la primera línea A long December and there’s reason to believe y el otro, que puedo ser yo o algún otro escribe abajo a manera de comentario, maybe this year will be better than the last. Y así vamos tomando turnos para escribir la canción completa. Hoy, sin embargo, estoy un poco preocupado. Ya visité todos los perfiles de mis amigos (300 en total) y ninguno se ha animado a subir la canción. ¿Tendré acaso que subirla yo y ser el más desesperanzado de todos?

Hoy quiero dejar un tema en este blog que cumple con 3 requisitos –como el 3 en 1 que usábamos en mi casa para todo- Número 1: es un cover de una canción escrita por un señor que, tal vez sea, quien mejor define la palabra rock and roll con todas sus acepciones. El señor John Lennon, quien ayer, 8 de Diciembre, cumplió 30 años de muerto. Número 2: es un cover hecho por la banda que me ha acompañado toda la vida y que sigue sorprendiendo con sus shows y escenarios y ganancias: U2. Número tres: un temita navideño que dice algo muy sincero, I hope you have fun.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

He querido hacer un cambio de color y de estilo al blog, pero no se preocupen; ya que van a seguir encontrando historias del señor Kú, quien aún prefiere ser conocido como Q, a secas. Así como también buenos temas y una que otra reflexión sobre algún libro o cuento leído, sin dejar de lado, por supuesto, todo el cariño por las letras y las niñas y las guitarras.
Un abrazo.

Rebellion (Lies) Arcade Fire

El señor Kú camina hacia su biblioteca. Se detiene frente a los mismos libros que ve todos los días y que leyó hace tanto tiempo. Extiende su dedo índice derecho, o mejor aún, su dedo índice derecho se extiende solo como si buscara algo con el tacto, mas no con el pensamiento. Este dedo se detiene de repente en un lomo azul en el que se alcanza a leer el nombre de un hombre ya muchas veces revisado. El dedo índice derecho necesita ahora compañía y colaboración para poder extraer ese volumen de tantas páginas y tantas letras. La mano derecha entera se extiende y participa de la búsqueda, y ésta a su vez insiste en llamar a toda la mano izquierda para que ayude a sostener una parte de este texto mientras el dedo índice derecho sigue buscando algo voluntariamente; busca un título- el diario a diario. Un cuento breve y por lo mismo breve tantas veces ya leído. Apenas el dedo encuentra la página, le indica a la mano derecha que se desplace hasta allá, mientras le indica a la izquierda que sostenga las demás páginas que no serán útiles en esta ocasión. El diario a diario no resulta nada nuevo a como el señor Kú lo recuerda; sin embargo, alcanza a esbozar una sonrisa y decirse para sí mismo es justo como lo recuerdo. Cortázar no ha cambiado, el cuento sigue siendo el mismo, pero Kú sí ha cambiado: la primera vez que lo leyó, quedó maravillado por su simplicidad y complejidad; la segunda vez siguió siendo llamativo e ilustrativo; ya no sabe cuántas veces lo ha leído, pero siempre que lo lee algo cambia en él.

¿Para qué releer una historia que ya sé en qué termina?, se pregunta. Tal vez no me sorprenda tanto como esa primera vez.

El cuestionamiento sigue: ¿Por qué volver a ver esta película de Jim Carey y Kate Winslet si ya sé en qué van a parar? Se pregunta esto mientras su dedo índice derecho señala la palabra metamorfosis, la última palabra de este cuento, y descubre que sí, que en efecto él ha cambiado, sólo que ahora sí se atreve a darse una respuesta: releer a Cortázar es intentar repetir ese beso que nos dimos en una calle sin nombre en una noche oscura en un año bisiesto. En últimas, no lo sé. Lo sorprendente de esto es que lo dice en voz alta mientras esboza una gran sonrisa que le dirige a ella.

domingo, 7 de noviembre de 2010

I still remember - Bloc Party

Traiciones de la Memoria, se llama el último texto del escritor colombiano Héctor Abad Faciolince. Un texto ameno, sincero y lleno de historias ciertas o tal vez ni tanto porque sigue siendo su historia y ésta puede estar llena de baches y vacíos y mentirillas. Aún así, yo le creo.

Leyéndolo, recordé una canción de Fito que canta ordenando libros viejos que leí, pero olvidé. Y sé que éste también lo olvidaré, que jamás seré como Ireneo Funes el memorioso; aquél personaje entrañable de Borges -o tal vez el mismo Borges- … Nosotros, de un vistazo, percibimos tres copas en una mesa; Funes, todos los vástagos y racimos y frutos que comprende una parra. Sabía las formas de las nubes australes del amanecer del treinta de abril de mil ochocientos ochenta y dos y podía compararlas en el recuerdo con las vetas de un libro en pasta española que sólo había mirado una vez… así lo describe el escritor argentino. Y acá viene otro personaje que olvidé, El tonto de la buena memoria. Un personaje que aparece en la novela El Santo Oficio de la Memoria de otro argentino (Mempo Giardinelli), y que al igual que Funes, lo recuerda todo; tal vez para su bienestar, aunque no está muy seguro de ello cuando se pregunta ¿Para qué te vas a acordar de algunas cosas, para lastimarte?

Pero dejemos a los argentinos a un lado y volvamos a los colombianos, volvamos a Abad, a mí, y en últimas a ti. Así es la memoria: lo que uno recuerda, otro lo olvida, lo que es importante para uno, para otro carece de importancia y lo borra para siempre, llegándolo a negar aunque le haya ocurrido, dice Abad al principio de su testimonio. Tal vez no lo recuerdes, pero soy el mismo cholo que te invitó a cenar y luego a bailar, soy el mismo tonto que se rehúsa a olvidar tu teléfono, tus besos, tu rostro, tus palabras. El mismo que olvida los buenos libros que ha leído, pero que no olvida esas lágrimas que brotaron de tus ojos y los míos cuando confesaste que te casabas y te ibas a otra ciudad. Afortunadamente, no recuerdo tu nombre de casada.