miércoles, 18 de mayo de 2011
Join the dots
On Melancholy Hill - Gorillaz

martes, 5 de abril de 2011
A song for the lovers - Richard Ashcroft
Fue Ferdinan de Saussure el que se inventó esa vaina del significado y el significante. Algo así como que si alguien me dice “árbol”, yo inmediatamente representaré una imagen de un árbol en mi cerebro -en este caso sería el “happy tree”, que queda frente a mi casa-. Después de este señor vinieron muchos más con ideas locas sobre representaciones mentales y símbolos y signos y no sé qué más. Vino Umberco Eco y una novela llena de imágenes, vino Barthes con un libro completo sobre imaginarios y demás, llegó Derridá, Bachelard, Bahktin, Kristeva y otro combo de locos y locas a explicarnos lo que las ciencias sociales y la humanística ahora llaman Semiótica. Suena como si alguno de ellos se hubiera miado a goticas en los pantalones.
Pero ahí no queda todo. Después les dio por decir que existe un símbolo arbitrario; o sea que algo puede ser, pero que no es. El mismo árbol mencionado arriba puede no ser un árbol sino un puente, una canoa, un derrumbe. Sí, lo sé; es confuso y complicado.
Cuando conocí sobre este tema, me interesé en conocer más, en descubrir la razón detrás de cada símbolo, de cada signo, de los signos que nos rodean, de los signos que nos inventamos por distintas razones: hacerle “rosca” a un amigo desde la ventana del bus, “picarle” el ojo a la nena de atrás, levantar el dedo pulgar de la mano derecha, levantar el dedo corazón al conductor de la misma buseta de la cual le habíamos “hecho rosca” al amigo que se quedó haciendo lo mismo desde el andén.
Todos estos signos, más otros tantos miles que nos definen, nos delimitan o nos impulsan como en este caso. Bueno, todo esto para decirte que entiendo tus señas, que sé que cuando apagas los ojos lentamente y los abres rápidamente, me estás diciendo que te llame; sé que cuando haces dos puntos + P mayúscula en el chat de Facebook (:P), me estás sacando la lengua porque quieres un beso; que si tropiezas conmigo en las escaleras y me dices que casi te tumbo, que me vas a demandar y que te duele el tobillo, lo que esperas es que realmente te alce y te pida disculpas mientras beso tu tobillo intacto; que cuando estás con ese man que aún no sé si es tu novio o no y no me miras en lo absoluto, sé que quieres que te rescate, llame un taxi y nos larguemos de este manicomio de una vez por todas.
Crimen - Gustavo Cerati
Cuando Tom Yorke decidió grabar un disco en solitario (The Eraser), lo único que tenía en mente era pensar más en sí mismo, en sus necesidades, en sus preferencias; y a pesar de extrañar a sus compañeros que tenían radios por cabezas, él siguió con su proyecto. Algo muy sincero, muy propio. Sin guitarras distorsionadas, sin pedales escandalosos, sin sintetizadores discordantes. Sólo él y su piano. Y por supuesto, su cabeza sin un radio cerca.
Cuando Eddie Vedder fue impulsado a escribir las letras para la última película de Sean Penn (Into the Wild), él ya sabía lo que tenía que decir, lo que iba a decir. Lo tenía allí desde tiempo atrás cuando sus demás compañeros del Ten Group no le prestaban suficiente atención. Así que Ed sacó su guitarra, su ukele y escribió lo que hubiera escrito Christopher McCandless el día que decidió abandonar todo para adentrarse en el bosque. Por supuesto, Eddie también necesitaba internarse en el bosque, sin guitarras fuertes o bajos lo suficientemente rítmicos.
Cuando Brandon Flowers se alejó de los demás asesinos –tal vez por ser mala compañía- sabía que tenía que pensar en algo distinto. Algo que lo exonerara de tantas muertes que había causado con su pandilla de killers; por eso pensó en un trabajo donde pudiera contar historias otra vez. Nombrar a Valentina; hablar de los jóvenes y de fuegos cruzados (Flamingo).
Hoy el Señor Kú –también conocido como Q- está tranquilo. Si supiera tocar la guitarra, lo haría, y cantaría sobre sí mismo (Walt Whitman) o contaría un cuento sin moraleja o hablaría de ella. Al terminar, sé que sonreiría y daría las gracias por la alegría de ser más honesto consigo mismo.
martes, 15 de marzo de 2011
domingo, 20 de febrero de 2011
Se llamaba Álvaro de Campos, y también Alberto Caeiro; aunque siempre fue Ricardo Reis o Roberto Soares. Todos eran el mismo Fernando Pessoa, aquél poeta Portugués. Así también le pasa al señor Q, o Kú para sus amigos. Algunas veces él es Martin Tupper, otras tantas es Ted Mosby, Michael Dorian o Jerry Seinfeld. El primero es un man que toda la vida ha visto televisión y todo lo que ve o todo lo que dice, le recuerda una escena de una película de esas a blanco y negro. El segundo, Ted Mosby, siempre está en el mismo bar con sus amigos tratando de buscar a la chica perfecta para poder contarle a sus hijos en el futuro. Michael Dorian, el tercero, es un doctor muy inseguro de sus capacidades y siempre imagina cosas improbables como 99 Globos Rojos en un hospital. El último es Jerry Seinfeld, un comediante un poco ocurrente que siempre usa tenis en vez de zapatos elegantes. Los que creó Pessoa siempre escribieron poesía o ensayos literarios. Los que creó Kú, no fueron creados por él, pero se parecen mucho a lo que él es: 30añero, aún usa tenis, todo le recuerda alguna película, siempre está en el mismo bar con sus amigos y aún imagina 99 Globos Rojos. Personajes muy honestos, muy humanos. A veces son mentirosos y atrevidos, hasta infantiles. Otra cosa curiosa es que en cada temporada todos estos personajes aparecen con una chica distinta. Yo creo que Pessoa pensó lo mismo cuando le dio vida sus heterónimos (más de 50). Kú lo sabe. Kú siempre ha vivido frente a un televisor. Siempre ha disfrutado las risas grabadas en sus series favoritas (Dream On, How I met your Mother, Seinfeld, Scrubs) y lamenta que en su vida no las haya; sobre todo para aquellos momentos en que dice algo gracioso que suele ser, en el mayor de los casos, una mentira.
lunes, 7 de febrero de 2011
Yahweh - U2
viernes, 28 de enero de 2011
The Space in Between - How to destroy angels
Aún siendo niña, no creo que haya sido tan niña. Tal vez por eso nunca aprendió a patinar, o a montar en bicicleta o a nadar. No tiene raspones en las rodillas, ni cicatrices en los codos. Ella siempre prefirió vestir su Barbie y pensar como una señorita. Así se lo dijo su mamá Tienes que ser toda una señorita a donde quiera que vayas. Ella lo entendió y por eso siempre actuó como una señorita, mas no como una niña. Siempre que vestía a su muñeca, pensaba en la ropa que ella tenía que usar también; la mejor obviamente, la más –como diría ella- fashion. Pensar en autos lujosos, en tener de todo para la casa. En su biblioteca existía un libro de Louisa May Alcott llamado “Mujercitas” (Little Women). No creo que lo haya leído alguna vez, pero supo que tenía que ser una mujer antes de ser una niña; por eso, mientras juntaba a su Barbie y a su Ken para un beso plástico de esos de telenovela, ella cerraba los ojos y se imaginaba siendo su muñeca.
Hoy tiene todo lo que siempre quiso, todo lo que le enseñaba a su muñeca, y sus amigos siguen siendo igual de imaginarios.
miércoles, 19 de enero de 2011
Dreams - The Cranberries
sábado, 8 de enero de 2011
Jovanotti - A te
domingo, 26 de diciembre de 2010
El negrette solía llamarme la mamá del trompetista italiano. El mismo que vivía detrás mi casa y quien ensayaba tonadas nuevas todos los martes y jueves en la tarde. Yo no sabía de jazz ni de blues, pero sabía que me gustaba. Procuraba siempre hacer mis tareas en mi habitación los martes en la tarde para poder escuchar los gemidos y lamentos de esa trompeta mientras el italiano emitía gemidos y lamentos de una migraña incansable. Nunca supe cómo llegaron al barrio. Pero me gustaba decir que en mi barrio había una familia de italianos y que el señor tocaba la trompeta. Cuando la nonna se despidió de mi para regresar a su amada Italia, me cogió de los cachetes, me abrazó y musitó algo que no logré entender. La trompeta que me acompañaba todos los martes y jueves dejó de sonar por unas semanas en la ventana de mi habitación. Cierto día no se escuchó el sonido ronco y suave de esa trompeta, sino un golpe seco y lejano. Uno solo. Horas más adelante se escuchó una sirena de una ambulancia y luego llantos y quejidos. Ahora sé que el jazz y el blues lo causaron todo.
martes, 14 de diciembre de 2010
The Magic Numbers - Forever Lost
Hace poco me preguntaron si tenía la mal-llamada malaridez existencial. Al parecer me notaron un poco ausente y huraño. Mi respuesta fue inmediata, pff no. Por supuesto que no. Todo está bien. Sin embargo, creo que tenían razón cuando me preguntaron y no lo había notado sino hasta ahora. La única diferencia es que no tengo la mal-llamada esa, sino que sufro de otra cosa que se llama la matemática existencial. Me gustaría que ésta fuera tan sólo no saber qué es un número primo o pensar que un número imaginario es el veinticatorce; pero no, la matemática va mucho más allá. La matemática existencial me considera un sumando, un producto, un factor; ni siquiera una teoría o un postulado. Pues no. Kundera (La insoportable levedad del ser, La lentitud) y Auster (City of Glass, Viajes por el Escritorio) hablan de esta existencialidad desde el punto de la literatura y argumentan que todo lo que hacemos viene con un orden matemático (exacto) y que siempre el resultado es desalentador, de allí que sus personajes siempre terminan mal. Esto se debe a la matemática. A ser reducidos a su mínima potencia, a que todo número multiplicado por cero da cero, a que no importa cuantos millones haya antes del cero, seguirán siendo tan inútiles y carentes de valor como el mismo cero. A que seno, coseno, tangente cotangente son tan inverosímiles como los mismos celos y la envidia. Kundera menciona el Eterno Retorno y cómo sus personajes pueden cometer el mismo error una y otra vez. Auster habla de Peter Stillmann y cómo él queda reducido a cero en una ciudad tan inmensa como Nueva York donde los demás números más grandes que él. Hoy me siento como esos personajes de Kundera y de Auster. Hoy lo pongo todo y lo multiplico por cero. Ya sé cuál es el resultado, sin embargo, hago la matemática y ésta nunca falla. Tan exacta, tan completa, tan cruel.
Espero el día que la matemática existencial sea alentadora, por lo menos para aquellos que aún contamos con los dedos de las manos y que jamás logramos dividir por dos cifras.
jueves, 9 de diciembre de 2010
So This is Xmas - U2 (covering John Lennon)
Usualmente en esta época del año alguno de mis amigos sube a la pared de Facebook un tema navideño que se llama “A long December” y lo cantan los Counting Crows. El primero que lo hace escribe la primera línea A long December and there’s reason to believe y el otro, que puedo ser yo o algún otro escribe abajo a manera de comentario, maybe this year will be better than the last. Y así vamos tomando turnos para escribir la canción completa. Hoy, sin embargo, estoy un poco preocupado. Ya visité todos los perfiles de mis amigos (300 en total) y ninguno se ha animado a subir la canción. ¿Tendré acaso que subirla yo y ser el más desesperanzado de todos?
Hoy quiero dejar un tema en este blog que cumple con 3 requisitos –como el 3 en 1 que usábamos en mi casa para todo- Número 1: es un cover de una canción escrita por un señor que, tal vez sea, quien mejor define la palabra rock and roll con todas sus acepciones. El señor John Lennon, quien ayer, 8 de Diciembre, cumplió 30 años de muerto. Número 2: es un cover hecho por la banda que me ha acompañado toda la vida y que sigue sorprendiendo con sus shows y escenarios y ganancias: U2. Número tres: un temita navideño que dice algo muy sincero, I hope you have fun.
miércoles, 24 de noviembre de 2010
Rebellion (Lies) Arcade Fire
El señor Kú camina hacia su biblioteca. Se detiene frente a los mismos libros que ve todos los días y que leyó hace tanto tiempo. Extiende su dedo índice derecho, o mejor aún, su dedo índice derecho se extiende solo como si buscara algo con el tacto, mas no con el pensamiento. Este dedo se detiene de repente en un lomo azul en el que se alcanza a leer el nombre de un hombre ya muchas veces revisado. El dedo índice derecho necesita ahora compañía y colaboración para poder extraer ese volumen de tantas páginas y tantas letras. La mano derecha entera se extiende y participa de la búsqueda, y ésta a su vez insiste en llamar a toda la mano izquierda para que ayude a sostener una parte de este texto mientras el dedo índice derecho sigue buscando algo voluntariamente; busca un título- el diario a diario. Un cuento breve y por lo mismo breve tantas veces ya leído. Apenas el dedo encuentra la página, le indica a la mano derecha que se desplace hasta allá, mientras le indica a la izquierda que sostenga las demás páginas que no serán útiles en esta ocasión. El diario a diario no resulta nada nuevo a como el señor Kú lo recuerda; sin embargo, alcanza a esbozar una sonrisa y decirse para sí mismo es justo como lo recuerdo. Cortázar no ha cambiado, el cuento sigue siendo el mismo, pero Kú sí ha cambiado: la primera vez que lo leyó, quedó maravillado por su simplicidad y complejidad; la segunda vez siguió siendo llamativo e ilustrativo; ya no sabe cuántas veces lo ha leído, pero siempre que lo lee algo cambia en él.
¿Para qué releer una historia que ya sé en qué termina?, se pregunta. Tal vez no me sorprenda tanto como esa primera vez.
El cuestionamiento sigue: ¿Por qué volver a ver esta película de Jim Carey y Kate Winslet si ya sé en qué van a parar? Se pregunta esto mientras su dedo índice derecho señala la palabra metamorfosis, la última palabra de este cuento, y descubre que sí, que en efecto él ha cambiado, sólo que ahora sí se atreve a darse una respuesta: releer a Cortázar es intentar repetir ese beso que nos dimos en una calle sin nombre en una noche oscura en un año bisiesto. En últimas, no lo sé. Lo sorprendente de esto es que lo dice en voz alta mientras esboza una gran sonrisa que le dirige a ella.
domingo, 7 de noviembre de 2010
I still remember - Bloc Party
Traiciones de la Memoria, se llama el último texto del escritor colombiano Héctor Abad Faciolince. Un texto ameno, sincero y lleno de historias ciertas o tal vez ni tanto porque sigue siendo su historia y ésta puede estar llena de baches y vacíos y mentirillas. Aún así, yo le creo.
Leyéndolo, recordé una canción de Fito que canta ordenando libros viejos que leí, pero olvidé. Y sé que éste también lo olvidaré, que jamás seré como Ireneo Funes el memorioso; aquél personaje entrañable de Borges -o tal vez el mismo Borges- … Nosotros, de un vistazo, percibimos tres copas en una mesa; Funes, todos los vástagos y racimos y frutos que comprende una parra. Sabía las formas de las nubes australes del amanecer del treinta de abril de mil ochocientos ochenta y dos y podía compararlas en el recuerdo con las vetas de un libro en pasta española que sólo había mirado una vez… así lo describe el escritor argentino. Y acá viene otro personaje que olvidé, El tonto de la buena memoria. Un personaje que aparece en la novela El Santo Oficio de la Memoria de otro argentino (Mempo Giardinelli), y que al igual que Funes, lo recuerda todo; tal vez para su bienestar, aunque no está muy seguro de ello cuando se pregunta ¿Para qué te vas a acordar de algunas cosas, para lastimarte?
Pero dejemos a los argentinos a un lado y volvamos a los colombianos, volvamos a Abad, a mí, y en últimas a ti. Así es la memoria: lo que uno recuerda, otro lo olvida, lo que es importante para uno, para otro carece de importancia y lo borra para siempre, llegándolo a negar aunque le haya ocurrido, dice Abad al principio de su testimonio. Tal vez no lo recuerdes, pero soy el mismo cholo que te invitó a cenar y luego a bailar, soy el mismo tonto que se rehúsa a olvidar tu teléfono, tus besos, tu rostro, tus palabras. El mismo que olvida los buenos libros que ha leído, pero que no olvida esas lágrimas que brotaron de tus ojos y los míos cuando confesaste que te casabas y te ibas a otra ciudad. Afortunadamente, no recuerdo tu nombre de casada.domingo, 31 de octubre de 2010
Tranquilize - The Killers
Yo.
Su nombre no importa. La verdad, los nombres nunca son importantes cuando se cuenta una historia. Esta historia no dirá el nombre de esa persona que me enseñó su alma cuando se quitó el brassiere. Ella era el tipo de nena que ves de lejos y piensas que nunca tendrás: alta, ojos grandes y expresivo, grandes y fuertes senos, piernas largas y fuertes, labios gruesos y provocativos.
La conocía de tiempo atrás y por azares del destino, nuestras soledades y unos tragos nos unieron. Pero lo que realmente importa es esa lista y la alegría que me dio al haber visto mi nombre en ella. Es difícil contar esta historia sin dejar de pensar en sus senos en mis manos, sin pensar en su cuerpo bien diseñado contra el mío. Sus gritos me llegan en este momento y quisiera tenerla cerca otra vez, desnuda, mía.
La lista de la que estoy tratando de hablar es una lista en la que aparecen todos los hombres con los que ella había estado; esos nombres tantas veces escuchados y que habían besado los mismos labios que yo besaba ahora, que habían tocado sus nalgas tal vez mucho mejor de lo que yo lo había hecho hasta este instante. Ese día me condujo a su habitación de donde extrajo de su armario un pequeño cuaderno argollado y me mostró esa lista, esa temible lista. Me había hecho inmortal, pensé. Allí aparecía mi nombre (Kú) en tinta negra junto a otro nombre del que había escuchado muchas veces antes y que me había forzado a salir corriendo, a dejar todo botado y a demostrarle a ella que en efecto era un cobarde. Después de mostrarme esa lista, como si fuera un obituario, supe que me estaba mostrando su alma, y que tan sólo yo, con mis lecturas, podría entender.
Una vez hubo guardado el cuaderno, me acerqué a ella, le di un beso tímido y la abracé mientras susurraba un gracias que nunca escuchó. Salí de su casa y me acordé de mil libros leídos y jamás comentados, me acordé de ciertos días de cine con actrices capaces de mentir sin medida, me acordé una vez más de sus senos, sus besos y su sexo, pero siempre recordando esa lista negra; como si fuera una promesa, como si fuera una derrota. No lo sé y no lo quiero saber. Sólo sé que son las 3 de la tarde y estoy de pie con los ojos vendados frente a tres hombres con fusiles esperando que den la orden para mi ejecución.
Creo que es la voz de ella la que al fin dice “abran fuego” (BANG) y alcanzo a ver mi nombre en esa lista otra vez.
Ella.
Apenas doy la orden de disparar contra el señor Kú, suyo verdadero nombre es Mr. Q, me doy cuenta de que sí lo quise y, tal vez, me hará falta. Lo llamé a la 1 y luego a las 7 de la mañana para avisarle que saliera corriendo tanto de mi vida como de esta ciudad, pero al contrario, él decidió venir por mi y ahí fue cuando mis hombres lo agarraron. Ninguno de ellos estaba en mi lista, esa que Kú mencionó antes de morir. Una vez atrapado, no tuve más opción que dar orden de disparar. Sólo se necesitaron 3 hombres, 3 rifles y 3 razones. Nunca fue un buen amante, por eso me vi obligada a extraer mi cuaderno argollado y así, revisé mi lista y busqué un nombre, o mejor, busqué un hombre. Lo llamé, acordamos un encuentro y nuestros cuerpos se encontraron. El señor Q lo supo todo el tiempo y por eso hizo lo que hacen todos los cobardes…correr, esconderse, huir, llorar, morir.
Apenas doy la orden “abran fuego” y suena ese terrible BANG, dirijo mi mirada hacia otro lado. No quiero ver su cuerpo chocar contra el suelo; aún así logro escuchar el golpe como quien deja caer un castillo de naipes.
Una lágrima mía cae también.
Él.
Yo soy quien le vendó los ojos al tipo aquél. A mi me pagan para este tipo de trabajos. Mi nombre es Rapist. Para el hacer el trabajo que tengo que hacer tengo que ser un tipo alto, fornido. Cuando ella me llamó sentí su mirada lasciva sobre mis músculos, todos. Ella es una mujer muy atractiva; tiene piernas largas y fuertes y senos grandes y fuertes, alta y fuma con gracia. Viéndola a ella considero que se necesita cierta gracia para fumar; no se trata sólo de encender ese pitillo lleno de nicotina y llevarlo a los labios que inciten a fumar. Yo no fumo, pero cuando la veo hacerlo, siento deseos incontrolables de fumar, de ser fumado por ella.
Cuando me llamó el sábado en la noche, ella llevaba un vestido ceñido al cuerpo y en su mano derecha la foto del tipo aquél. Nunca supe su nombre; la verdad no me interesa saber el nombre de los tipos a quienes elimino. Éste, por ejemplo, tenía cara de bonachón, de esos que uno cree que jamás rompen un plato y terminan incendiando un hogar geriátrico. En la foto aparecían los dos –ella y él- abrazados en un concierto de jazz. Se veían contentos disfrutando de la compañía del otro, o de la soledad del otro, mejor.
Ella estuvo todo el tiempo hablándome de él, quizá para convencerme de deshacerme de él cuanto antes, o tal vez para persuadirme para que ya no lo hiciera.
Cuando agarramos al tipo éste, ella se alejó un poco. Cuando lo vendamos, una lágrima se vio caer, tal vez de felicidad, luego lo sujetamos contra el poste de luz y nos miramos atónitos esperando que nos diera la orden para ejecutarlo. La miré otra vez. Primero sus pies, luego fui subiendo por sus piernas largas hasta llegar a sus muslos, llegué a sus caderas donde estuve unos segundos más, seguí subiendo por su ombligo hasta alcanzar sus senos que parecían salirse de la ropa, luego llegué a su cuello, sus labios, sus orejas, sus mejillas, y aterricé en sus ojos que se encontraron con los míos para decirme a viva voz “abran fuego”. Yo soy el primero en apretar el gatillo; ese es el primer BANG que suena.
miércoles, 13 de octubre de 2010
Björk - It's all so quiet!! shh shh shh
Tiene 45 años y le da pena que la vean así. Sonrojada, emocionada, nerviosa, sintiéndose extraña y feliz. Curiosamente ya se había sentido así antes. Cuando era joven. Cuando era linda. La última vez que se sintió así fue hace 2 años cuando supo que él existía y quiso saberlo todo: su comida, su rutina, su estilo, sus palabras –que tal vez no fueran para ella-, su color favorito de corbatas y de trajes. Ahora vuelve a sentirse igual y piensa que sí, que el amor llega así de esa manera y que en serio una no se da ni cuenta. La primera vez que le pasó tenía 15 años y fue una experiencia inolvidable y desde ahí quedo con un sabor especial, con una alegría incontenible, o en francés avec une joie de vivre que nadie le quitaría jamás. Éste se llamaba Oscar, y luego vinieron Gabriel, Jorge Luis, Ernesto, Julio, Héctor, Milan, Orhan, Imre, William, Paul, Nick…la cuenta no termina. El nuevo, el que la tiene pensativa detrás de este mostrador se llama Mario. Él no lo sabe, pero cada vez que ella pasa por el estante de literatura latinoamericana no puede dejar de sentirse como la niña mala y suspirar de amor por las palabras y las letras.
domingo, 3 de octubre de 2010
Closing Time - Semisonic
miércoles, 22 de septiembre de 2010
Smells like teen spirit - Nirvana
Si Shannon Hoon, Kurt Cobain y Layne Staley estuvieran vivos, serían las personas más felices del mundo hoy en día. Chris Cornell está de regreso con sus amigos del jardín (Soundgarden), Scott Weiland ha regresado a la base aérea (Stone Temple Pilots), el alopécico de Billy Corgan sigue reventando calabazas por todos lados (Smashing Pumkins) y los demás amigos de Alice han decidido echarle una manito con su vestido azul (Alice in Chains); y sin dejar de lado al Chino Moreno, que no es ni tan chino ni tan moreno, quien también ha regresado con diamantes para todos (Deftones). Es hora de las guitarras fuertes, de guardar la secadora, el rímel y la plancha pa’l pelo en el cajón de la hermana –de donde nunca tuvo que haber salido-, de las letras con sentido y con voces agresivas. Es hora de quitarse esa corbata fashionista y volver a las camisas de cuadros, a la ropa camuflada y a los tenis sucios.
Han regresado un poco más viejos, un poco más calvos y canosos; y creo que mis amigos y yo estamos un poco más calvos y más viejos también…y tal vez un poco más tontos, pero menos inocentes. Los cassettes y los pocos CDs originales de ese entonces aún reposan en nuestros cajones y gavetas, y estoy seguro que aún hoy nuestros BlackBerries, SmartPhones, iPods, PSPs llevan uno que otro temita de esos. De esos gruncheros.
Por lo pronto me quitaré esta camisa blanca manga larga, estos zapatos de cordón, me dejaré crecer un poco más el pelo, buscaré ese cassette que pasó de mano en mano por todos los del barrio y uno que otro del colegio, y compraré la boleta para el concierto de Stone Temple Pilots en Bogotá en Diciembre; antes no fui porque mi mamá no me daba permiso. Ahora tendré que preguntarle si sabe dónde dejé mis pantalonetas con bolsillos a los lados, la de los conciertos.